-Ser viejo es ser asexuado; sin deseos ni atractivos.
Desde pequeños nos socializan con esta idea, de ahí el miedo a la senectud y a lo que ello conlleva.
-Hasta hace poco se creía que la menopausia marcaba el final del goce sexual femenino.
Esto se debía a que se justificaba la sexualidad como necesaria para acceder a la maternidad. Hoy en día se debe aceptar que la sexualidad en la Tercera Edad solo responde al puro deseo de sentir placer, de gozar, de abrazarse a otro cuerpo, en definitiva de amar.
-La práctica sexual en la tercera edad es dañina.
Está comprobado que la práctica sexual ayuda a mantener la salud y la juventud. Una sexualidad periódica y satisfactoria favorece el aumento de las defensas, ayuda a la autovaloración y al sentimiento de felicidad y conexión con la pareja.
-Las personas maduras no tienen orgasmos.
Al prolongar el juego previo se logra incrementar el deseo, la excitación y el orgasmo. En el caso de los hombres, se necesita una mayor estimulación en la zona del glande para lograr una buena erección. A pesar de esto, el orgasmo se puede conseguir y suele ser igual o más placentero que durante la juventud.
-El hombre tiene mayor necesidad sexual que la mujer.
Tanto hombres como mujeres tienen las mismas necesidades sexuales a cualquier edad, no es cuestión de género, sino personal.
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